Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma (Star Wars: Episode I – The Phantom Menace)

(Dirigida por George Lucas – USA 1999)

Star Wars I

A un planeta llamado Tatooine llega la reina Amidala (Natalie Portman). La nave en la que viaja es escoltada por dos caballeros jedi, uno muy joven Obi-Wan Kenovi (Ewan McGregor) y otro de mayor edad Qui-Gon Jinn (Liam Neeson). La razón de haber ido a ese planeta es conseguir repuestos porque la nave se encuentra averiada, producto de una lucha espacial. Es en esas circunstancias que la dulce Amidala conoce a un pequeño esclavo de nombre Anakin (Jake Lloyd). Este muchachito ante tanta belleza de la reina piensa que es un ángel, de inmediato surge en ella una especie de simpatía hacia él. Qui-Gon Jinn siente que este niño no es uno más, hay algo en él característico de un jedi: ve las cosas antes que sucedan (las presiente), tiene buenos reflejos, para él la fuerza es extremadamente poderosa en el chiquillo. Cuando le pregunta a la madre por su padre descubre que no lo tuvo, ella lo llevó en su vientre, dio a luz y lo crió. Qui-Gon Jinn se sorprende, esa misma noche le hace un análisis de sangre y el resultado del conteo de midiclorianos da más de 20000, lo cual es sorprendente porque ni el gran maestro Yoda de los jedis llega a ese nivel en su sangre. El viejo caballero jedi concluye que Anakin es el elegido, por lo tanto es el que traerá el equilibrio y es su deber adiestrarlo. La pregunta es si las conclusiones son correctas, tanto Yoda como otros importantes miembros jedi identifican mucho miedo en Anakin lo cual a la larga lo puede conducir al lado oscuro.

“Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” fue estrenada 16 años después de “El regreso del Jedi” (un clásico al que amamos los que vivimos en nuestra pequeñez la primera trilogía). Si bien todos esperábamos una “gran película” el resultado fue diferente. No porque Lucas se haya esforzado por mostrarnos algo re innovador, yo pienso que peco con los demasiados efectos especiales. La magia de la primera trilogía era precisamente hacer de lo que se tenía, un mundo que nos encantaba. Además existía mucha química entre los actores y abundante diálogos que permitían entender con mayor facilidad la trama, esto no ocurre en este capítulo I donde se abusa de hablar de muchos mundos que más que ayudar confunden al espectador.

Para rescatar: La prometedora Natalie Portman, ya en esa época mostraba ese tipo de actuación que convence puede ofrecer más al cine en un futuro (como finalmente lo hizo). Ewan McGregor y Liam Neeson, siendo tan buenos actores se pudo hacer más con ellos, sacar el jugo más a su actuación, lo cual no se hizo.

¿Por qué verla? Porque los verdaderos fans de la Saga “Star Wars” necesitamos conocer todos los detalles, hasta el más mínimo, de una saga a la que amamos desde pequeños.

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