Alguien a quien amar (En du elsker)

(Dirigida por Pernille Fischer Christensen –Dinamarca, 2014)

en du elsker

Thomas Jacob (Mikael Persbrandt): No tengo nada que dar.
Molly Moe (Trine Dyrhom): Nadie sabe eso de sí mismo.

Alguien a quien amar es la historia de un encuentro entre dos soledades. La de Thomas Jacob, un cantautor de fama mundial, afincado en Los Ángeles pero que regresa a Dinamarca para grabar su último álbum; y la del pequeño Noa (Sofus Rønnov), su nieto de 11 años, digno heredero de su talento y de su misma tristeza.

Con una banda sonora escogida al milímetro, la directora danesa nos entrega cada fotograma envuelto en acordes y letras, ajustados magistralmente a la evolución de la historia. Un personaje que se presenta como un “sicario del amor” y que acabará susurrando “volverás a nacer, por alguien a quien amar”. Un drama que se asoma como un iceberg y que romperá con fuerza la superficie de protagonistas y de espectadores.

Una fotografía gélida y distante que nos va conteniendo para hacernos estallar en mil pedazos al final. Y un humor extraño y como a destiempo, que se filtra en las grietas del hielo. Una directora que desde su primer film A Soap (2006), o A Family (2010), nos obliga a dar ese gran salto interior para que después volvamos a la vida. En definitiva, una directora para la que la bondad es sinónimo de amor.

Destacar por encima de todo y de todos, la interpretación de Mikael Persbrandt (Aurora Boreal, En un mundo mejor, El hipnotista, El Hobbit: la desolación de Smaug…) un actor que siempre se sumerge hasta el fondo en sus personajes, con pasión, con sensibilidad y con valentía. Esta vez, en el clásico mito del artista que debe sacrificarlo todo y/o el gran dilema del hombre moderno de que el trabajo nos libera de toda obligación emocional. “Estoy lleno de decepciones y de mentiras” confiesa y canta nuestro viejo poeta, como si del lastre de los divorcios, de las drogas, del alcohol, de la enfermedad y de la locura que es intentar dejar atrás todo eso, nunca uno pudiera sanar. Pero su alma rebosa fuerza y belleza, y aunque tristemente llegue tarde para recuperar a su propia hija, aún no es tarde para salvar al joven Noa, y en el intento, salvarse a sí mismo, con su inocencia. “Viniste a mí en son de paz… Me entregaste tus ganas de vivir”… y es que a veces, para todos aquellos que huyen, el amor será su castigo.

Quiero hacer una canción de amor,
un himno de perdones,
un manual para vivir con la derrota,
un llanto sobre el dolor,
un sacrificio recuperado…

LEONARD COHEN

Información del Autor: Mar G. Hortelano es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Interesada por la relación entre la literatura y el cine, cursó los doctorados de Historia del Cine y de Literaturas Hispánicas y Géneros Literarios, respectivamente. Su pasión por la traducción y la cultura escandinava http://ardescandinavia.blogspot.com/ le ha llevado a especializarse en literaturas y cinematografías nórdicas colaborando actualmente con varios medios.

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