Terrence Malick: Nuestro árbol del asombro

Terrence Malick Film

Cuando se estrenó “El árbol de la vida” (2011) el crítico de cine Nick Pinkerton escribió: “es mejor que una obra maestra, sea lo que sea eso”.

La película se iniciaba con una cita bíblica del libro de Job: “¿Dónde estabas cuando yo echaba los cimientos de la tierra, mientras me alababan los nacientes astros y prorrumpían con voces de júbilo todos los ángeles e hijos de Dios?”

Y entre imágenes líquidas, erupciones volcánicas, los azules intensos de las aguas profundas, algunas sinfonías de Brahms y una estructura narrativa deslavazada, Malick presentaba la historia familiar de una pareja con tres niños y los traumas que cada uno de ellos desarrolla al enfrentarse a la pérdida de uno de los hijos. Una historia que resulta completamente banal cuando hallamos detrás, una de las grandes cuestiones que asaltan a la humanidad. Es entonces cuando resuenan como un eco las palabras de la protagonista femenina: “… Hay dos caminos que puedes seguir en la vida: el de la Naturaleza y el de lo Divino…  Lo Divino no busca agradarse a sí mismo. Acepta ser desairado, olvidado… Acepta los insultos y las heridas. La Naturaleza sólo busca agradarse a sí misma y conseguir que otros la agraden. Encuentra razones para ser infeliz cuando todo el mundo que la rodea resplandece y el amor sonríe a través de todas las cosas… El único modo de ser feliz es amando. Si no sabes amar, tu vida pasará como un destello. Ten esperanza. Asómbrate…”

 Terrence Malick Film

Hace unos meses hemos podido disfrutar de su último poema visual “To the Wonder” (2012). Y el espectador que acuda al cine tras la fama de un actor popular o tras la lectura de una sinopsis, volverá a salir decepcionado.

Malick vuelve a esconder sus obsesiones tras la historia –insisto, otra vez banal- de amor de una pareja, con sus miedos al compromiso, al fracaso, y sus ansias de perfección, de plenitud. Pero el amor, nos recuerda uno de los protagonistas, “es un deber: Amarás”. Te guste o no.

Desafortunadamente, nuestra generación es heredera de una visión romántica que nos indica qué y cómo debemos amar. Cuando el amor, quizá sea como la alquimia, ARTE y OFICIO.  

No son pues fortuitas las secuencias en las que la joven pareja exhibe su enamoramiento y se deleita con las líneas y los espacios que ofrecen la serenidad de la magna Arquitectura. Es aquí, cuando vienen a nuestra memoria las palabras de Platón en su obra “Timeo” donde tachaba a sus compatriotas de “eternos niños” porque veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana.

Esta creemos que es la propuesta del controvertido cineasta: poner  a prueba nuestra capacidad de asombro. Ya que con el activismo diario, perdemos muchas veces nuestra capacidad creativa, y cuando chocamos de repente con una “obra maestra”, nos sentimos extraviados, llenos de dudas, asombrados como niños… sedientos de Fe, sedientos de Amor, sea lo que sea eso.

Información del Autor: Mar G. Hortelano es licenciada en Filosofía y en Lingüística por la Universidad Autónoma de Madrid. Siendo una apasionada por la relación entre la literatura y el cine, cursó los doctorados de Historia del Cine y de Géneros Literarios, respectivamente. Colabora desde 2006 en varios medios como crítica cinematográfica y literaria, y en 2012 se ha estrenado como narradora de microrrelatos “On the road” y “La novela negra”.

Podemos encontrar algunos de estos textos en su blog CINERATURA

http://margomezhortelano.blogspot.com

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Comentarios

  1. dice

    El árbol de la vida es para mi una maravilla, más que una obra maestra, pero creo que To the Wonder no está a su altura y apenas transmite nada con demasiada claridad, aunque la filmografía de Malick es siempre interesante. Saludos.

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